Los aparatos de audioguía, el coronavirus y la higiene

Los aparatos de audioguía, el coronavirus y la higiene

Mientras escribo esto nadie sabe cuándo va a terminar la crisis del coronavirus. Pero hay algo en lo que todo el mundo está de acuerdo: nada volverá a ser como antes. Uno de los sectores más afectados es el de la cultura. Muy especialmente los lugares públicos que reúnen a gente procedente de todo el mundo en torno a su oferta cultural, como los museos, actualmente cerrados casi en su totalidad.

Tarde o temprano esta crisis sin precedentes habrá pasado y los museos abrirán de nuevo. Pero la sensibilidad del público habrá cambiado. Algunos hábitos, como el contacto físico al saludarse, no se recuperarán de un día para otro. También el incremento de las medidas de higiene perdurarán, sobre todo si, como auguran algunos científicos, el Covid-19 permanecerá todavía algunos años con nosotros, reapareciendo en oleadas.

Todo apunta a que pasará mucho tiempo antes de que alguien esté dispuesto a apoyar en el rostro un aparato de audioguía que previamente haya pasado de mano en mano.

Los teléfonos móviles y la higiene

Casi todos sabemos que los smartphones son una superficie con gran proliferación de bacterias y microorganismos. De hecho, según un estudio de la Universidad de Arizona, un celular tiene 10 veces más bacterias que la tapa de un inodoro, y nueve de cada diez celulares contiene un microbio potencialmente propagador de alguna enfermedad. Es un aparato que tomamos en la mano incontables veces al día, después de haber tocado muchas otras superficies potencialmente infectadas, como barras de agarre del transporte público, picaportes o billetes y monedas. Empleamos el teléfono móvil con tanta frecuencia que aspirar a lavarse las manos cada vez después de utilizarlo es un empeño inútil.

Pero, hey, ¡es nuestra suciedad, después de todo! Podemos vivir con eso. Nuestro teléfono móvil se ha convertido en un utensilio demasiado importante para permitirnos el lujo de ser quisquillosos.

Además, los teléfonos móviles son aparatos de uso individual. Los datos contenidos en un teléfono móvil son sensibles, por lo que no solemos perderlo de vista y raramente lo compartimos pasándolo a otras manos.

Pero ahora pensemos en una audioguía. Un aparato de audioguía en un museo es como un teléfono móvil que pasa de mano en mano muchas veces al día y cuyo uso obliga a acercarlo al rostro, ya sea directamente o a través de auriculares.

Mujer sosteniendo una audioguía

Precisamente el rostro contiene las principales vías de entrada del coronavirus a nuestro organismo.

La limpieza de las audioguías en un museo

La higiene siempre ha sido un factor relevante al tratar de aparatos de audioguía en un museo. En los estudios de mercado que realizamos al lanzar Nubart nos sorprendió la cantidad de personas que afirmó no tomar nunca una audioguía en los museos exclusivamente por razones de higiene. Cabe deducir que las prevenciones higiénicas siempre habrán afectado la tasa de aceptación de las audioguías y, en consecuencia, también el volumen de ingresos que el museo obtiene a través de su alquiler, aunque difícilmente pueda establecerse en qué porcentaje. Los mejores establecimientos son conscientes de esa prevención e instruyen a sus empleados para que limpien las audioguías antes y después de cada uso.

Empleada de un museo limpiando aparatos de audioguía

No obstante, los visitantes de un museo no siempre saben si esa limpieza se ha producido o no.

Pero en tiempos de pandemias globales como el coronavirus, ya no estamos hablando de recelos o de sensación subjetiva de repugnancia por parte de visitantes especialmente escrupulosos, sino de un verdadero riesgo sanitario del que el museo es corresponsable. La mayoría de aparatos de audioguías tienen botones y recovecos que hacen difícil una higienización a fondo de los aparatos. Además, según científicos de la Universidad de Princeton en un estudio publicado en The New England Journal of Medicine, el coronavirus resiste hasta tres días en superficies de plástico o de acero, los dos materiales empleados con mayor frecuencia en la fabricación de aparatos de audioguías.

En tiempos de coronavirus, es de suponer que para la limpieza de los aparatos de audioguía deban emplearse como mínimo los mismos criterios que se recomiendan para la limpieza de los teléfonos móviles de uso personal:

  1. Apagar el aparato.

  2. Posiblemente haya que retirar la cápsula de plástico para limpiar polvo y suciedad instersticial con un paño de microfibra. (Muchas audioguías son teléfonos móviles reconvertidos. A fin de incrementar su robustez y de impedir el acceso del visitante a determinados botones y funciones, suelen entregarse insertados en una carcasa de plástico especial).

  3. Limpiar la superficie con toallitas desinfectantes de un solo uso o con un paño mojado en una solución con entre el 62% y el 71% de etanol, el 0,5% de peróxido de hidrógeno o el 0,1% de hipoclorito de sodio.

  4. Dejar el aparato bien humedecido en la solución escogida durante al menos tres minutos, evitando que el líquido se introduzca en su interior a través de los orificios de cargadores, jack para auriculares o puertos.

  5. En lugar de secar el aparato con un trapo, esperar tres minutos a que el líquido empleado se evapore a fin de prolongar el tiempo de actuación.

  6. Lavarse las manos antes de proceder a la limpieza del siguiente aparato.

En este contexto de alarma social, la higienización de los aparatos de audioguía ha de ser tan compleja que en la práctica posiblemente deje de ser viable. Ningún museo desea que se formen largas colas en los mostradores. En los museos de mayor tamaño, una higienización a fondo de los aparatos de audioguías pasaría probablemente por la contratación de personal extra.

Soluciones alternativas

Incluso aunque se encuentre muy pronto una vacuna o una cura infalible para el coronavirus, dadas estas circunstancias no parece que los aparatos tradicionales de audioguía tengan ya un futuro prometedor en los museos. Las dimensiones de esta primera crisis han sido globales y abrumadoras. Hemos aprendido que las pandemias globales, que hasta ahora solo conocíamos por alguna mala película apocalíptica de ciencia ficción, son un peligro real. Y que después de esta crisis podría venir otra.

Posiblemente una alternativa sea optar por audioguías que el visitante se pueda llevar en lugar de alquilarse o en soluciones digitales basadas en el Bring Your Own Device (BYOD).


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Sobre Rosa Sala

Rosa Sala es CEO y co-fundadora de Nubart

Berlín / Barcelona https://www.linkedin.com/in/rosasalarose/

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