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Cómo escribir el guion de una audioguía: buenas prácticas

Cómo escribir el guion de una audioguía

Escribir el guion de una audioguía para un museo parece engañosamente sencillo. El principal reto no es el conocimiento del contenido —de eso los conservadores tienen de sobra—, sino las decisiones estructurales y editoriales que determinan si los visitantes siguen atentos o desconectan tras la tercera pista. El equipo de producción de Nubart GUIDE ha redactado audioguías para museos de toda Europa, y los errores que observamos se repiten independientemente del tamaño o el presupuesto de la institución. Las siguientes buenas prácticas abordan directamente esos patrones.


Al escribir una audioguía conviene tener en cuenta los siguientes puntos:

  • Selecciona las obras de forma estratégica, no exhaustiva: cubrirlo todo no es el objetivo.
  • Escribe para ser escuchado, no leído: la lengua oral y la escrita siguen reglas distintas.
  • Usa pistas de contextualización para presentar salas o épocas, no solo objetos individuales.
  • Graba las voces de comisarios o artistas siempre que puedas: una autenticidad que ningún guion puede replicar.
  • Mantén la duración total de la audioguía en torno a la mitad del tiempo medio de visita.

Elige las obras de tu exposición que deban aparecer en la audioguía

Incluso aunque tu museo sea muy pequeño, no va a ser posible (ni seguramente deseable) crear una pista de audioguía con explicaciones para todas las piezas que tengas expuestas. Las producciones sonoras para audioguías son costosas, sobre todo si la necesitas en varios idiomas, y tus visitantes se pueden sentir abrumados ante un exceso de contenido. Recomendamos empezar con lo esencial. Si fuera necesario, siempre podrás ampliar más adelante tu audioguía con nuevos puntos de interés y nuevos idiomas.

Antes de ponerte a escribir el guion de una audioguía tendrás que hacer una lista con los objetos de exposición desees ver en tu audioguía. Tu elección será también una manera indirecta de llamar la atención a tu visitante sobre las obras a las que te gustaría que prestara una atención especial. No es una decisión fácil de tomar, pero hay algunos criterios que pueden ayudarte:

  • Es una pieza de enorme valor histórico o artístico, o sea, un highlight del museo que no sería concebible excluir de la audioguía.
  • Es una pieza cuya función o importancia resultaría difícil de comprender si no se aporta una explicación.
  • Es una pieza no muy significativa artística o históricamente, pero con una historia detrás que la vuelve memorable.
  • Es una pieza que llama mucho la atención del público, independientemente de su significado o de su valor.

El número de posiciones en esta lista depende de varios factores, como del tamaño del museo y, naturalmente, del presupuesto y del tiempo disponible.

Es habitual que los visitantes presten mucha más atención a las obras que se encuentran al principio del recorrido, cuando aún están rebosantes de energía y la museum fatigue todavía no ha hecho mella. Estudios científicos han demostrado que a los treinta minutos los visitantes de un museo pierden capacidad de concentración y les resulta más difícil estar de pie frente a un objeto escuchando una explicación. Así que si te excedes en el número de piezas presentes en la audioguia corres el riesgo de saturar a tu audiencia ya en las primeras salas y que pase por las últimas a toda prisa.

Treinta minutos de audioguía equivalen a unos 15-20 puntos de interés.

Prepara un texto para ser escuchado y no leído

La concentración al escuchar es muy distinta a la que se tiene al leer. Es importante escribir pensando en una audioguía:

  • Reduce los datos numéricos a lo esencial. El tamaño de un lienzo en centímetros es un dato adecuado para figurar en una cartela junto a la obra expuesta, pero no para el guion de una audioguía.
  • Lee en voz alta tu texto antes de darlo por bueno. Por ejemplo, si escribes: "Picasso (Málaga 1881 - Mougins 1973)...", esto se convierte al leerlo en "Picasso, nacido en Málaga en 1881 y fallecido en Mougins en 1973...".
  • Evita las frases largas con subordinadas. Recorta o divide las frases que más difícil te resulte leer en voz alta. Si a ti te cuesta leerla, al visitante le costará tres veces más escucharla y asimilarla.
  • Evita la jerga profesional o el vocabulario muy especializado. La función de una audioguía es divulgar y hacer accesible la temática de tu museo a todo tipo de público. Si es imprescindible emplear un término muy técnico, no olvides explicarlo a continuación.
  • Procura insertar una anécdota o un dato curioso siempre que puedas. Las curiosidades ayudan a mantener la concentración y a recordar tu explicación.
  • Interpela a tu audiencia. Por ejemplo: "¿Te has fijado en la pieza de latón que asoma en la puerta de esta carroza? Servía para..." es mejor que "la pieza de latón que asoma de la puerta de la carroza servía para..."

Empieza cada pista con un gancho, no con una ficha de catálogo

La debilidad más frecuente en los guiones de audioguía no es la longitud, sino el arranque. La mayoría de las pistas empiezan identificando el objeto o al artista: "Este cuadro de Caspar David Friedrich muestra..." y pierden al visitante en los tres primeros segundos. Quien acaba de subir una escalera y se planta ante un cuadro que no conoce necesita, antes que nada, un motivo para escuchar.

Funcionan bien los arranques que generan una pequeña tensión: un dato inesperado, una pregunta abierta, un detalle que el propio visitante puede comprobar en la obra. "Fíjate en la pequeña figura del borde derecho del cuadro: provocó un escándalo entre los primeros visitantes" no es una exageración dramática, sino una técnica sencilla que asegura la atención durante los noventa segundos siguientes.

Esto no significa que toda pista deba empezar de forma dramática. Con objetos de fuerte presencia propia —una pieza monumental, una obra maestra conocida— suele bastar una invitación directa a observar: "Da un paso atrás y fíjate en sus dimensiones". Lo decisivo, en cualquier caso, es esto: la primera frase de una pista de audioguía debe invitar al visitante a observar, comparar o reflexionar, y no limitarse a enunciar un dato.

¿Se puede escribir el guion de una audioguía con IA?

La respuesta corta: sí, con limitaciones que se sitúan justo donde las audioguías son más vulnerables.

Los modelos de lenguaje de IA producen textos lingüísticamente correctos y bien estructurados, y en una audioguía eso es, de entrada, un problema. La prosa bien estructurada suele ser demasiado compleja para escucharse: subordinadas encadenadas, transiciones abstractas, construcciones pasivas que pasan desapercibidas sobre el papel, pero que habladas suenan como cemento. Un borrador generado por IA casi siempre hay que reelaborarlo en cuanto a sintaxis y ritmo antes de que suene natural.

Un problema más de fondo es que los modelos de lenguaje no ven la propia obra. Trabajan con descripciones, textos de catálogo o la información que se les facilita. Por eso generan a menudo textos que parecen correctos, pero que no dirigen la atención hacia detalles concretos del objeto: justamente la conexión entre lo que el visitante ve y lo que escucha que define a una buena audioguía.

A esto se añade que los modelos de IA tienden a abrir las pistas identificando el objeto, exactamente el patrón que pierde al visitante en los primeros segundos. Y se equivocan de forma sistemática por exceso de longitud: un modelo entrenado para ser completo y comprensible no tiene instinto para la fatiga museística.

La IA resulta útil como herramienta de documentación y de primer borrador: para obtener rápidamente una visión estructurada de una obra, probar alternativas de redacción o tener un punto de partida en exposiciones temporales con plazos ajustados. En nuestra experiencia, los mejores resultados se obtienen cuando la IA actúa como apoyo y el verdadero trabajo editorial —recortar, dar ritmo, interpelar directamente al visitante— lo asumen personas con experiencia en la producción de audioguías.

Aquí hablamos solo de escribir el texto. Si la IA debe encargarse también de la locución es otra cuestión: analizamos las ventajas e inconvenientes de las voces de IA en un artículo aparte.

Complementa la explicación de los objetos de exposición con pistas introductorias

Las audioguías no tienen por qué limitarse a dar explicaciones sobre los objetos expuestos. Puedes añadir pistas introductorias, por ejemplo para presentar el contenido de una sala o para dar unas pinceladas generales sobre el artista cuya obra se ha expuesto. Ten en cuenta que al no estar vinculadas a ningún objeto en concreto, las pistas introductorias suelen ser las que más concentración y esfuerzo requieren del visitante. Limítate a las indispensables e intenta hacerlas especialmente atractivas y breves.

Considera incluir grabaciones de voz de comisarios y artistas

Este consejo siempre es válido, pero resulta especialmente útil para las exposiciones temporales, cuando el tiempo apremia y no siempre es posible invertir semanas en escribir un guion. Los testimonios hablados del comisario o comisaria de la exposición, de los artistas o de la dirección del museo son fáciles y rápidos de obtener y aportan una autenticidad que tu público sabrá apreciar.

Además, es frecuente que los comisarios de una exposición pasen desapercibidos por el público en general. Muchos agradecerán la oportunidad de aportar su particular punto de vista sobre su concepción de la exposición o sobre la elección de determinada obra.

Para poder ofrecer un sonido original en otras lenguas, hay que transcribir el texto con uno de los muchos programas informáticos disponibles en el mercado y, a continuación, traducirlo a la otra lengua y hacer la locución. Para mantener la autenticidad de la voz original y dejar claro a los visitantes que están escuchando las opiniones de una persona determinada, recomendamos simular una traducción simultánea mediante un overdubbing o una sobreimpresión de voz.

Calcula la duración de la audioguía

Sintetizar información es un desafío, pero una pista de sonido demasiado larga puede resultar muy agobiante para un visitante. Lo que cómodamente sentado en casa parece muy breve, resulta larguísimo cuando se está de pie ante una vitrina con mucha gente alrededor.

Lo ideal es que las pistas de tu audioguía no superen los dos minutos.

En español, un minuto de lectura equivale a unas 150 palabras. Así que te recomendamos que por cada punto de interés escribas un texto de máximo 300 palabras.

Seguramente ninguno de tus visitantes escuchará seguidas todas las pistas de tu audioguía: precisamente uno de los atractivos de este recurso es que el visitante puede escoger cuáles son las piezas sobre las que desea ampliar la información. No obstante, si juntáramos todas las pistas una con otra, el tiempo total no debería superar el que tardaríamos en visitar la exposición sin la audioguía.

Seguro que en tu museo ya se ha calculado el tiempo promedio que el público suele dedicar a la visita: una buena medida orientativa para la duración ideal de una audioguía es dividir ese tiempo por la mitad. Así que si tus visitantes suelen quedarse una hora en tu museo, tu audioguía podría tener una duración total de 30 minutos.

Escribir un buen guion de audioguía es un trabajo exigente. Si prefieres dejarlo en manos de especialistas, descubre cómo nuestro servicio de producción de contenidos se encarga del guion, la traducción y la locución.

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